Las reacciones no se han hecho esperar en Chrysler después de las declaraciones del consejero delegado del grupo DaimlerChrysler, Dieter Zetsche, sobre el futuro inmediato de la filial estadounidense. Zetsche anunció la eliminación de 13.000 puestos de trabajo y dejó espacio para las especulaciones sobre una posible venta al afirmar que todas las opciones están abiertas.
La noticia ha caído como un jarro de agua fría en el seno de la empresa estadounidense de automoción. El consejero delegado de Chrysler, Tom LaSorda, trató de enviar un mensaje de confianza al conjunto de la compañía y lanzó el reto de darle un giro a la situación en la que se encuentra, en declaraciones en Auburn Hills ante 200 ejecutivos.
No obstante, LaSorda advirtió de que no será fácil, en un contexto complejo de incertidumbre laboral y financiera, malos resultados económicos, trabajadores preocupados y desmoralizados y ante una competitividad muy dura. Chrysler se embarca en su segunda reestructuración en seis años y se desconoce qué efectos tendrá.
La incertidumbre ha llegado especialmente de la noticia de una posible venta de la compañía americana, después de que sólo hace unos meses, en octubre, desde el grupo automovilístico se negara que estuviera en consideración la opción de vender Chrysler. Ahora, las palabras de Zetsche han invitado a muchos trabajadores a pensar que el grupo alemán pretende deshacerse de Chrysler.
Desde que en 1998 se cerrara el acuerdo entre el grupo de Mercedes y la americana Chrysler con el objetivo de crear el grupo automovilístico más rentable del mundo, los problemas no han hecho sino sucederse. El acuerdo se valoró en 38.000 millones de dólares y se selló con grandes expectativas.
Sin embargo, en menos de una década han sido eliminados 40.000 puestos de trabajo, se han cerrado plantas fabriles y se han paralizado decenas de cadenas de montaje. El pasado año, Chrysler perdía 1.500 millones de dólares. La reacción, con el despido de 13.000 trabajadores ya se califica como “la masacre del día de San Valentín”, con la referencia a la matanza de siete miembros de una banda rival atribuida a Al Capone en el “día de los enamorados” de 1929.
Inversores y analistas han recomendado a los directivos alemanes del grupo que consideren la opción de deshacerse de la marca estadounidense, después de sucesivos fracasos en sus lanzamientos, litigios legales y una comunicación en tela de juicio con un mercado que parece alejado últimamente de los tradicionales modelos de consumo elevado de Chrysler y se muestra más inclinado a los vehículos más pequeños y eficientes.
Los rumores no dejan de sucederse, y las posibles alianzas, o compradores interesados ponen sus nombres en la prensa económica mundial. Especialmente suena el nombre de General Motors (GM). La agencia Bloomberg asegura que se negocia una alianza con GM para compartir costes de desarrollo y diseño de los nuevos modelos que quiere lanzar Chrysler para revitalizarse. Según esta fuente, la negociación ha comenzado hace un mes, aunque este dato no ha sido ni confirmado ni desmentido por ninguno de los actores implicados.
La multinacional germano-estadounidense ha contratado los servicios del banco de inversiones JP Morgan para que estudie todas las opciones, como ya hizo el pasado año para analizar la situación deficitaria del Smart.


