El C30 es, sin duda, el Volvo que muchos estaban esperando. Hace casi dos décadas que no disponían de un modelo compacto de 3 puertas, puesto que el último fue el 480. Desde entonces, la imagen de la marca sueca ha cambiado, y lejos de transmitir una sensación de “tanque” con ruedas, armoniza el diseño actual con la robustez y la elegancia. En esta ocasión, como su nuevo producto va destinado a un público más joven, el diseño exterior se ha cuidado y diferenciado especialmente. El frontal deja claro que se trata de un Volvo, muy similar al S40. La trasera, sin embargo, tiene su propia personalidad.
Cuando nos sentamos en el interior del C30, la primera sensación que transmite es la de un coche realizado con un alto nivel de calidad. Miramos las plazas traseras y sólo vemos dos. Es así. No se contempla la opción de una banqueta para tres pasajeros. La ventaja: dos auténticas plazas relativamente amplias y cómodas. El problema: aun tratándose de un compacto, nunca podrán viajar más de cuatro personas, puesto que ni está homologado ni hay cinturones suficientes.
Pero el hecho de disponer sólo de cuatro plazas no supone una penalización para el C30, al menos desde nuestro punto de vista. Incluso forma parte del propio concepto de vehículo que Volvo ha querido crear, con una herencia clara del 480, también de cuatro plazas. El acceso a las plazas traseras supondrá un esfuerzo importante, pero una vez nos sentemos, el espacio es suficiente.
No ocurre lo mismo con el maletero, que con 235 litros resulta claramente insuficiente para el equipaje de cuatro pasajeros. Además, de momento sólo se puede tapar con una lona poco útil e incómoda de poner. Un detalle que nos ha parecido impropio de una marca tan defensora de la seguridad en todas sus vertientes es el hueco que queda entre los dos respaldos traseros al utilizar el apoyabrazos central. Puesto que el espacio entre ambos asientos comunica directamente con el maletero sin ningún tipo de protección, por lo que en caso de una frenada de emergencia o de accidente, algún objeto podría catapultarse hacia los pasajeros.
De los tres niveles de equipamiento con los que se comercializa el C30, el T5 sólo se puede combinar con los dos más altos. En esta ocasión hemos probado un T5 Summum, el más completo. De serie incorpora elementos tan interesantes como la regulación eléctrica y calefacción en los asientos, faros bi-xenón o, incluso, tapicería de piel.
Tal como citábamos en líneas anteriores, el interior del C30 transmite sensación de calidad, con unos materiales agradables, tanto al tacto como visualmente. Sin embargo, hay ciertos detalles que no encajan con el carácter supuestamente deportivo de la versión T5, pero que hacen de este compacto un modelo interesante para un público más amplio. En el puesto de conducción apenas existen diferencias con las otras versiones. También nos llama la atención el diámetro del volante de 38 cm, idéntico al de un S80. Hubiera sido deseable un aro más pequeño y manejable.
Era de esperar que los asientos del T5 fueran más anatómicos, pero la realidad es que, sin apenas diferencias con los del resto de la gama, en conducción deportiva no agarran el cuerpo lo suficiente, y más aún con la tapicería de piel de serie. Por tanto, la deportividad propia de esta versión está presente casi exclusivamente en el exterior, por las llantas, alerones, faldones, etc. Pero, el interior podría pasar perfectamente por el de una berlina de lujo más que por el de un deportivo.


