Con impresionantes 6 megapíxeles , una gran pantalla de 2,5 pulgadas y más visibilidad de la misma, una sensibilidad similar a la de las caámaras profesionales de 1600 ISO y mejor autofoco, la Panasonic presenta el modelo Lumix DMC-LZ5, una cámara que nace del trabajo conjunto con la empresa nipona con Leica y llega al mercado dispuesta a satisfacer las necesidades de los fotógrafos a pie que buscan "algo más" que una compacta. Calidad, estética y sencillez conforman el triplete con el que Panasonic releva a su veterana LZ2 en un nuevo giro del mercado.
Los cambios acuentagotas siguen imparables. La marcha del sector fotográfico tiene pequeños y graduales avances, con falta de grandes novedades, y a falta de actualizaciones de hardware, los nuevos modelos florecen como las amapolas en primavera. Así, una vez más, Panasonic renueva uno de sus modelos ya establecidos, cambiándole el nombre y poniéndola en la cresta de la ola. En esta ocasión, el turno es para la Panasonic Lumix DMC-LZ5, que bebe de las las glorias de la precedente LZ2.
En resumen, lo que la Lumix ofrece es una mejora general sin grandes novedades. El sensor aumenta resolución en un millón de puntos para llegar a los 6 megapíxeles; la sensibilidad se dispara hasta 1600 ISO, aunque no puede controlarse manualmente y la calidad que brinda deja detalles a desear; la pantalla disfruta de mayores dimensiones y visibilidad gracias a la tecnología "High Angle"; el enfoque automático es más rápido, y se ha añadido un nuevo modo de exposición escénica.
Aunque su tamaño no alcanza para una bolsa especial y es demasiado grande para un bolsillo, la LZ5 presenta un diseño ergonómico aceptable de uso. Al sostenerla con una sola mano, no resulta complicado en absoluto acceder a todos los botones que pueblan su carcasa, aunque sí es cierto que para girar el dial de control quizás sea necesario dejar de prestarle atención a la pantalla.


